Murano: cómo el vidrio transformó una isla de la laguna

Giacomo Berto • May 28, 2026

A Murano se va para ver el vidrio. Los hornos, los maestros vidrieros y los objetos expuestos en las tiendas forman parte de la identidad de la isla desde hace siglos.


La historia del vidrio en Murano comenzó oficialmente en 1291, cuando la República de Venecia decidió trasladar aquí gran parte de los hornos que hasta entonces se encontraban en el centro de la ciudad. La razón era muy práctica: Venecia estaba construida casi completamente de madera y los incendios eran un peligro constante. Los hornos trabajaban a temperaturas extremadamente altas y bastaba muy poco para provocar desastres en los barrios más concurridos.


Así, los maestros vidrieros fueron trasladados a Murano, lo suficientemente cerca para permanecer bajo el control de la Serenísima pero suficientemente separada para reducir los riesgos. En pocas décadas la isla se transformó completamente. Llegaron nuevas familias de artesanos, nacieron talleres especializados y el vidrio de Murano se convirtió en uno de los productos más valiosos exportados por Venecia.


Todavía hoy, paseando por la Fondamenta dei Vetrai, se entiende perfectamente cómo estaba organizada la isla: las partes orientadas hacia el canal exterior eran las más operativas, con accesos para descargar materiales, aberturas para transportar mercancías y espacios vinculados a la producción. Arena, madera, minerales y sosa llegaban en barco, al igual que las lámparas y los objetos terminados destinados a los mercados europeos e internacionales. En el lado opuesto se desarrollaron progresivamente talleres y tiendas abiertas hacia las fondamenta, donde los comerciantes mostraban sus obras a visitantes y compradores extranjeros.


Mi tío siempre decía que en Murano el vidrio también se reconocía por el sonido. Dentro de un horno nunca había silencio: el soplido constante del fuego, las herramientas metálicas sobre las mesas y las cañas de soplado girando lentamente mientras el vidrio incandescente tomaba forma.


Desde un punto de vista técnico, el vidrio de Murano requiere un conocimiento extraordinario de los materiales y las temperaturas. Los maestros mezclan sílice, sosa y otros minerales y luego llevan todo a temperaturas superiores a los mil grados. Unos pocos segundos de más pueden arruinar todo el trabajo.


A lo largo de los siglos Murano desarrolló técnicas famosas en todo el mundo: el vidrio soplado veneciano, el vidrio lattimo similar a la porcelana, las murrinas de colores, la filigrana y los espejos que decoraron palacios reales de toda Europa. Durante mucho tiempo la República incluso trató de impedir que los maestros vidrieros abandonaran Venecia para proteger los secretos de la producción.


Hoy Murano sigue viviendo entre la tradición artesanal y el turismo. Muchos hornos históricos continúan activos y ver trabajar a un maestro vidriero sigue siendo una de las experiencias más fascinantes de la laguna veneciana.


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